Religión y esquizofrenia “Si hablas con Dios, estás rezando; si Dios habla contigo, tienes esquizofrenia. Si los muertos hablan contigo, eres un espiritista; si Dios habla contigo, eres un esquizofrénico”.

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Thomas Szasz.[11]

Thomas Szasz

THOMAS SZASZ

Para Thomas Szasz en El segundo pecado, de forma similar a como lo plantea Dawkins, la frecuencia con que se presentan algunas creencias en la colectividad, puede determinar para la mayoría lo que podemos llamar normal y anormal en términos de salud mental, en este sentido, un enfermo mental sería aquel que tiene opiniones o comportamientos completamente desprendidos de los comportamientos y creencias sociales estándares. Sin embargo, no existe una diferenciación justificada entre las creencias que tiene un esquizofrénico y las que tiene un protestante, un católico o un musulmán (más que la que se atribuye a su identidad religiosa) En este contexto, podemos pensar en diferentes movimientos religiosos marcados por el fanatismo y la radicalidad, donde la religión parece facilitar una visión distorsionada de lo moral y lo legal; como lo fueron en su tiempo las cruzadas, que eliminaban a cualquier costo a los enemigos del Papa, de las cuáles una de ellas se dirigió, por órdenes de Inocencio III, contra la misma Europa para eliminar la herejía de los Cátaros, poniendo como buena la persecución religiosa y las masacres en nombre de la fe; la Santa Inquisición, perfeccionó instrumentos y técnicas de tortura e instaló en el ideal colectivo todo tipo de Folklore sobre brujas, herejes y endemoniados; y en nuestro tiempo, los grupos islámicos fundamentalistas, que basados en la licencia de la defensa de sus ideales religiosos, propenden por la destrucción de cualquiera que piense o rece diferente, por medio de decapitaciones, crucifixiones y ahogamientos que además difunden como propaganda. Todos estos fanáticos religiosos ni fueron ni son encerrados en instituciones psiquiátricas o similares para que cambien sus creencias, modifiquen las acciones irracionales que fundan en ellas, y asuman las que tienen la mayoría de las personas, como sucede con los esquizofrénicos. Así lo afirma Szasz:

Cuando un hombre dice que es Jesús o Napoleón, o que los marcianos le persiguen, o afirma alguna otra cosa que escandaliza el sentido común, se le pone la etiqueta de psicótico y se le encierra en el manicomio. La libertad de palabra es sólo para las personas normales. Un hombre que dice ser Jesús no se está quejando, se está jactando. Consideramos que su afirmación es un síntoma de enfermedad; él lo considera una señal de grandeza. Si crees que eres Jesús, o que has descubierto una cura para el cáncer (y no es verdad), o que los comunistas te persiguen (y tampoco es verdad), entonces es probable que tus creencias se consideren síntomas de esquizofrenia. Pero si crees que los judíos son el Pueblo Escogido, o que Jesús era el Hijo de Dios, o que el comunismo es la única forma de gobierno científica y moralmente correcta, entonces es probable que tus creencias se tomen como reflejo de quién eres; judío, cristiano, comunista. Por esto creo que descubriremos la causa química de la esquizofrenia cuando descubramos la causa química del judaísmo, el cristianismo y el comunismo. Ni antes ni después.[12]

7.13

Según Szasz, los psiquiatras se concentran en la búsqueda de genes defectuosos, daños en la comunicación neuronal o falencias químicas en el cerebro como causas determinantes de la esquizofrenia, ya que ésta ha sido constituida como una enfermedad, pero “Si llamáramos enfermedad al cristianismo o al comunismo, ¿buscarían entonces los psiquiatras las «causas» químicas y genéticas de estas «dolencias»?”.[13] Al contrario de esto, el tratamiento psiquiátrico parece tomar el aspecto de venganza de una sociedad ofendida porque el anormal expone sus poco cotidianas creencias, perturbando a veces los espacios ajenos. En otras palabras:

¿Por qué los psiquiatras han prestado tanta atención a los llamados síntomas del esquizofrénico y tan poca a sus derechos? Quizá porque muchos esquizofrénicos se comportan como si los demás no tuvieran ningún derecho: violan su intimidad, por no decir su sentido de la realidad. Así pues, al esquizofrénico puede tratársele como: 1) un loco peligroso; 2) una persona que tiene experiencias sumamente dramáticas e insólitas; o 3) una persona que no respeta los derechos ajenos.[14]

Aunque ya sabemos que tal venganza no se aplica con los que profesan creencias religiosas, y que en ocasiones, traen consecuencias mucho más dañinas y ofensivas en especial para otros grupos de creyentes, para los no creyentes o para el que se cruce en el medio.

Para Szasz, lo que normalmente se denomina esquizofrenia es la exageradamente baja capacidad que tiene una persona para seguir reglas. Un niño puede aprender una cantidad de reglas mediante la autoridad de los padres y adultos que lo rodean, cómo hablar, cómo vestirse, cómo comportarse en sociedad. Un comportamiento en el niño que puede desencadenar esquizofrenia podría deberse a la poca atención de los adultos o al poco reconocimiento de la autoridad, como sucede comúnmente en la adolescencia. En esta etapa, especialmente si se carece de una autoridad que establezca reglas, el joven actúa como si nada se le pudiera prohibir. Si algo le está prohibido de alguna manera es porque eso no vale la pena; sin no sabe hacer algo bien, finge tener conocimientos que no posee. En ese sentido, esquizofrenia podría ser entendida como un tipo de arrogancia.

De esta manera, cuando una persona se presenta como la reencarnación de Jesucristo, saliéndose de los esquemas de comportamiento y creencia establecidos socialmente, un psiquiatra tradicional dirá que sufre alucinaciones; mientras Szasz afirmará que está mintiendo, pues no podemos saber estrictamente cuál es la diferencia, cuál es la creencia normal y cuál la anormal:

Una ilusión es algo que te ocurre, algo que «tienes». Una mentira es algo que tú haces que ocurra, algo que tú haces. ¿Cuál de los dos puntos de vista es correcto? Algo que le ocurre a una persona –un accidente o un error– es neutral en lo que a motivaciones se refiere; por lo tanto, puede que beneficie a la persona. Pero las personas que tienen ilusiones nunca afirman ser Fulano (sus amigos y vecinos): siempre insisten en que son Jesús o Napoleón.[15]

7.14

Hay muchas personas que dicen haber presenciado apariciones de vírgenes y santos, en ellas, afirman los elegidos, hay una verdadera interacción, un éxtasis religioso, como en el caso de Santa Teresa de Jesús, de San Francisco de Asís o de los pastorcitos de Fátima. Y no puede faltar el ejemplo de Abraham, al que Dios ordena inmolar a su hijo como ofrenda de lealtad y que, aunque vacilando, se dispuso a hacerlo, pero librándose de matarlo porque Dios le habla diciendo que había pasado la prueba. En este sentido, la religión hace una diferencia entre las apariciones o visiones que puede presenciar un iluminado y las que puede tener un loco, la diferencia es simple, en la primera hay una comunicación con la divinidad y en la segunda, un trastorno mental. “ De ahí la asociación íntima, en el pensamiento psiquiátrico moderno y en el pensamiento moderno “intelectualmente sofisticado “en general, entre la llamada excesiva religiosidad y la locura—suponiendo que la locura a menudo se manifiesta a través de “una excesiva religiosidad”, y la “excesiva religiosidad” a menudo es contemplada como una causa de la locura”.[16]

 

 

Sobre la creencia de Abraham

De esta manera, entregamos la responsabilidad que tenemos sobre nuestras acciones a un dios. En Sartre, el hombre es angustia, ya que se compromete cuando elige y al mismo tiempo es un legislador que elige la humanidad entera, por lo cual también es responsable. Estar angustiado es, entonces, sentir la experiencia de la libertad, la indeterminación que todos quieren llenar con otras cosas sin éxito. La angustia sigue oculta y espera pero resurgirá tan pronto las distracciones se dispersen, los partidos de fútbol que transmiten los domingos por la tarde, el cine, caminar de arriba para abajo las calles, reunirse con los amigos, la música todo el día, los mensajes del móvil e incluso música mientras duermes. Pero hay un vacío fundamental, una profunda incertidumbre ante la cual la mayoría no puede sobrevivir sin llenarla, y es precisamente el espacio que le hemos reservado a la indeterminación de Dios.

Kierkegaard

KIERKEGAARD

A este sentimiento Kierkegaard lo llamaba angustia de Abraham (angustia precisamente de saber si ese sentimiento o esa voz interior es Dios que le habla), y aunque éste abordaba un existencialismo cristiano, la angustia no tendrá una connotación completamente diferente a la que Sartre le da, es decir, la experiencia de lo indeterminado. En aquel, Abraham será el héroe de la fe en tanto que da un salto para proyectarse hacia la divinidad y así configurar su proyecto de vida como un proyecto perfectible que se encuentra, al mismo tiempo, entre este mundo y un más allá que le da sentido. En Kierkegaard, la fe es sobre todo de orden existencial, no es un pensamiento sino una relación concreta entre el existente y Dios. De esta manera, la fe no es posible sino por el sacrificio total de la razón en función de la relación absoluta con Dios.

Para Sartre es todo lo contrario, aunque la experiencia de lo indeterminado siga siendo la misma, no hay manera alguna en que podamos entregar la responsabilidad de nuestros actos a un dios, sino por un enmascaramiento de nuestra propia libertad. Aunque parezca en realidad el atributo de un santo, una creencia ciega, asumida voluntariamente, no puede distinguirse mucho de la creencia que posee un enajenado mental de forma involuntaria, y es por eso que debemos abandonarla. Sólo yo puedo decidir si esa voz es la de Dios, pero si a mí me parece que lo es, no puedo obligar a lo de más a que lo crean. En palabras de Sartre:

Conocen ustedes la historia: un ángel ha ordenado a Abraham sacrificar a su hijo; todo anda bien si es verdaderamente un ángel el que ha venido y le ha dicho: tú eres Abraham, sacrificarás a tu hijo. Pero cada cual puede preguntarse; ante todo, ¿es en verdad un ángel, y yo soy en verdad Abraham? ¿Quién me lo prueba? Había una loca que tenía alucinaciones: le hablaban por teléfono y le daban órdenes. El médico le preguntó: Pero ¿quién es el que habla? Ella contestó: Dice que es Dios. ¿Y qué es lo que le probaba, en efecto, que fuera Dios? Si un ángel viene a mí, ¿qué me prueba que es un ángel? Y si oigo voces, ¿qué me prueba que vienen del cielo y no del infierno, o del subconsciente, o de un estado patológico? ¿Quién prueba que se dirigen a mí? ¿Quién me prueba que soy yo el realmente señalado para imponer mi concepción del hombre y mi elección a la humanidad? No encontraré jamás ninguna prueba, ningún signo para convencerme de ello. Si una voz se dirige a mí, siempre seré yo quien decida que esta voz es la voz del ángel; si considero que tal o cual acto es bueno, soy yo el que elegiré decir que este acto es bueno y no malo. Nadie me designa para ser Abraham, y sin embargo estoy obligado a cada instante a hacer actos ejemplares. Todo ocurre como si, para todo hombre, toda la humanidad tuviera los ojos fijos en lo que hace y se ajustara a lo que hace. Y cada hombre debe decirse: ¿soy yo quien tiene derecho de obrar de tal manera que la humanidad se ajuste a mis actos? Y si no se dice esto es porque se enmascara su angustia.[17]

De esta manera, la angustia de tomar una decisión es precisamente el abordaje previo de una acción anticipada, se trata de elegir una opción entre una diversidad de posibilidades, la cual tiene valor por el mismo hecho de haber sido elegida, y asumir la responsabilidad de las consecuencias de dicha elección. Sin embargo, todo esto no puede ser posible si entregamos nuestra responsabilidad y nuestra libertad a un agente externo como lo es un dios. Así, la angustia se explica en la medida que somos conscientes de que estamos en el desamparo, sin un Dios que dicte normas. Pero no se trata simplemente de afirmar a la ligera que Dios no existe, pues la mayoría piensa que, aunque éste fuera solamente una idea, es una idea que hace posible que haya una moral, un tipo de vigilancia que hace que actuemos correctamente, que existan unos valores a priori.

7.16

Para el existencialismo, los valores seguirán existiendo, “nada se cambiará aunque Dios no exista; encontraremos las mismas normas de honradez, de progreso, de humanismo, y habremos hecho de Dios una hipótesis superada que morirá tranquilamente y por sí misma”.[18] Esto suena coherente aunque para las personas creyentes es incómodo pensar que pueden ser dueños de su propia responsabilidad y que ya no pueden delegarla a un agente externo o refugiarse en normas impuestas para justificar sus acciones, para afirmar que no son libres. Como lo dice Sartre:

El existencialista, por el contrario, piensa que es muy incómodo que Dios no exista, porque con él desaparece toda posibilidad de encontrar valores en un cielo inteligible; ya no se puede tener el bien a priori, porque no hay más conciencia infinita y perfecta para pensarlo; no está escrito en ninguna parte que el bien exista, que haya que ser honrado, que no haya que mentir; puesto que precisamente estamos en un plano donde solamente hay hombres.[19]

Sartre dirá que la existencia precede a la esencia y eso precisamente significa que no estamos determinados, que no somos algo definitivo y terminado, sino que nos hacemos en la medida en que existimos, en que elegimos, en que creamos nuestros propios valores, en que hacemos evidente la característica más fundamental de cada uno como proyecto de vida, la libertad. En ese sentido, no encontrar un dios que nos determine, que tenga una misión para nosotros o que trate de regular nuestra conducta por medio de mandamientos, hace evidente que estamos solos a la hora de decidir y sin excusas a la mano para ocultar nuestra propia libertad. En palabras de Sartre:

Dostoievsky escribe: “Si Dios no existiera, todo estaría permitido”. Este es el punto de partida del existencialismo. En efecto, todo está permitido si Dios no existe y, en consecuencia, el hombre está abandonado, porque no encuentra ni en sí ni fuera de sí una posibilidad de aferrarse. No encuentra ante todo excusas. Si, en efecto, la existencia precede a la esencia, no se podrá jamás explicar la referencia a una naturaleza humana dada y fija; dicho de otro modo, no hay determinismo, el hombre es libre, el hombre es libertad. Si, por otra parte, Dios no existe, no encontramos frente a nosotros valores u órdenes que legitimen nuestra conducta. Así, no tenemos ni detrás ni delante de nosotros, en el dominio luminoso de los valores, justificaciones o excusas. Estamos solos, sin excusas. Es lo que expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser libre. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo, y sin embargo, por otro lado, libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace.[20]

 

Dostoievski

DOSTOIEVSKI

 

Conclusión

A partir de todo lo anterior podemos pensar que es posible que exista una relación entre la religión y la enfermedad mental o que tal vez no sean sino dos manifestaciones de una misma enfermedad por la cual podemos captar una realidad ficcionada de forma consciente o inconsciente. Una enfermedad de la creencia hace posible que no podamos diferenciar entre la alucinación o la realidad, tanto en el creyente como en el esquizofrénico. También puede manifestarse en ese sentimiento que tenemos de incompletitud, esa necesidad de llenar un vacío en nosotros, el cual tratamos de colmar con conversaciones al interior de nuestra mente, a través de soliloquios o de oraciones. Sartre parece haber identificado en qué consiste la necesidad de tener una creencia religiosa, consiste precisamente en la necesidad que tiene el hombre de no sentirse libre, de no sentir la obligación de tener que elegir sin alguien que lo respalde, sin alguien que le diga lo que es bueno y lo que es malo.

 

Bibliografía

  1. Dawkins, Richard. El espejismo de Dios. 3ª edición. Espasa. Madrid. 2007.

  2. Sartre, Jean Paul. El existencialismo es un humanismo. Barcelona. Orbis, 1984.

  3. Szasz, Thomas. El segundo pecado. Alcor. Barcelona. 1992.

  4. Szasz, Thomas. Esquizofrenia: El símbolo sagrado de la psiquiatría. México. 1990.

 

Notas

[1] Dawkins, Richard. El espejismo de Dios. 3ª edición. Espasa. Madrid. 2007, p. 104.
[2] Ibíd. p. 105.
[3] Harris, Sam. Citado en Dawkins, Richard. El espejismo de Dios. 3ª edición. Espasa. Madrid. 2007, p. 105.
[4] Dawkins, Richard. El espejismo de Dios. 3ª edición. Espasa. Madrid. 2007, p. 105.
[5] Ibíd. pp. 105-106.
[6] Ibíd. pp. 105-107.
[7] Ibíd. pp. 107-108.
[8] Ibíd. pp. 108-109.
[9] Ibíd. pp. 399-400.
[10] Ibíd. p. 403.
[11] Szasz, Thomas. El segundo pecado. Alcor. Barcelona. 1992, p. 72.
[12] Ibíd. p. 72.
[13] Ibíd. p. 72.
[14] Ibíd. p. 73.
[15] Ibíd. p. 74.
[16] Szasz, Thomas. Esquizofrenia: El símbolo sagrado de la psiquiatría. Premia. México. 1990, p. 130.
[17] Sartre, Jean Paul. El existencialismo es un humanismo. Barcelona. Orbis, 1984, pp. 64-65.
[18] Ibíd. p. 67.
[19] Ibíd. pp. 67-68.
[20] Ibíd. pp. 68-69.