Así, los peligros que enfrentan son: “albergues sin espacios adecuados para recibirlos ni personal capacitado para apoyarlos en derechos humanos, protección o apoyo emocional, violación a sus derechos humanos y agresión al ser detenidos en estaciones migratorias, explotación sexual comercial infantil, trata de personas y tráfico de órganos”.

Según un comunicado de Save the Children, la pesadilla no termina en el viaje, pues cada año, unos siete mil niñas y niños no acompañados son repatriados a México y cuando los regresan a sus comunidades de origen, padecen un doble riesgo: humillaciones y discriminación por su situación de pobreza, la posibilidad de ser reclutados por el crimen organizado para trabajar como guías en la “industria del tráfico de personas”.

La organización detectó que, para salir de la situación de pobreza en la que viven, niñas, niños y adolescentes (NNA) se ven obligados a trabajar. Del total, 51% dijo que lo hace por razones económicas. Las cifras hablan por sí mismas: En total, en México trabajan 3.2 millones de menores. De ellos, 18.2% de entre 15 y 17 años tienen un trabajo peligroso y tres de cada 10 niños laboran en ocupaciones no permitidas trabajan más de 36 horas a la semana (INEGI, 2017).

Por si fuera poco, quienes están en mayor vulnerabilidad son las niñas y adolescentes, afectadas en mayor medida por el matrimonio infantil. El dato: 80% de las menores de 18 años casadas, ya sea en uniones formales o informales, tienen una pareja mucho mayor que ellas.

Estas uniones son fomentadas por la desigualdad de género, los valores patriarcales o la creencia de que el matrimonio les dará seguridad frente a una situación de pobreza. No obstante, las consecuencias son: mayor riesgo de sufrir abuso, explotación, violencia física o sexual y abandono.

De acuerdo con Save the Children, el impacto de la violencia en el Producto Interno Bruto (PIB) de México es del 21% (Índice de Paz México, 2018). En el caso del trabajo infantil, eliminar esta mano de obra podría aumentar el PIB global en 6.7%. Sobre el matrimonio infantil, de no erradicarse, para 2030 costará a los países en desarrollo billones de dólares, según datos del Banco Mundial y el Centro Internacional de Investigación sobre la Mujer (ICRW, 2017).

En ese contexto, según la organización, México es uno de los países que menos invierte en primera infancia, por debajo de países como Guatemala y Honduras. Tan solo de 2012 a 2015, invirtió 3.7% del PIB en niñez, frente a la inversión promedio de otros países, que es de 5.0% del PIB.

Por cada peso invertido en un niño o niña en la primera infancia, la sociedad se ahorraría en el futuro entre 7 y 21 dólares, según James Heckman, profesor de la Universidad de Chicago, Premio Nobel de Economía junto con Daniel McFadden en el 2000.

Ante este panorama, la campaña #SinNiñezNoHayFuturo, pretende “concientizar sobre los sueños que las niñas, niños y adolescentes mexicanos no logran alcanzar debido a la vulneración de sus derechos y destaca que la falta de condiciones dignas para la niñez y adolescencia tiene un impacto en el futuro del país”.

María Josefina Menéndez, directora general de Save the Children, afirmó: “Las situaciones extremas a las que se enfrenta la niñez y adolescencia en México hipotecan su futuro y el de toda la sociedad. No podemos permitirnos que niñas, niños y adolescentes crezcan en un entorno de inseguridad, expuestos a peligros y sin las condiciones de vida dignas que merecen”.