La agenda fifi

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Por: Oscar Díaz Salazar

Con Tomas Yarrington como gobernador de Tamaulipas, se inició la práctica de financiar, organizar, convocar, presidir, hacer y divulgar actividades de esparcimiento, pasatiempos y ociosidades, que quisieron “vender” como acciones de fomento turístico, de rescate de tradiciones, relaciones públicas y desarrollo regional.
Con Eugenio Hernández se incrementó esta costumbre de hacer públicas las actividades que en el pesado se asumían como privadas, esa práctica de incluir en las agendas y programas oficiales, los hobbies de los gobernantes, lo que hacían en sus ratos de ocio.
Las faraónicas procesiones a caballo (cabalgatas) se multiplicaron por todos los rincones del estado. Los recorridos en motocicletas se realizaron en todas las carreteras de la entidad. Los torneos de golf sirvieron para rendir culto a la personalidad del gobernante, y para solventar, con recursos públicos, los pasatiempos del Gobernador y sus amigos.
En ese mismo tenor se llevaron a cabo torneos de pesca, conciertos, bailongos, rallys, torneos de cacería, pasarelas o desfiles de moda, corridas de toros, asistencia a partidos de futbol profesional, charreadas, etc.
Al paso del tiempo se ha acentuado esta costumbre de los gobernantes de ocuparse de asuntos triviales. La agenda típica de una autoridad actual se asemeja a la de un artista, o para decirlo al modo actual: se ocupan de los mismos asuntos que un “influencer” o un “youtuber”.
Los “kardashian” de la política tamaulipeca se han olvidado de lo básico, de lo que se hacía antes, de lo tradicional. Hoy los gobernantes ya no se interesan en escuchar a los colonos para priorizar las obras. No les interesa la construcción de banquetas y cordones. No se ocupan en la creación de comités para definir obras y cooperar en su realización. Se acercan a las escuelas solo en tiempo de campaña y en la ceremonia de inicio de ciclo escolar.
El gobernante ya no es accesible al ciudadano ordinario. No ofrece audiencias, y en los actos se encuentra rodeado siempre de sus allegados. El pretexto de la seguridad ha sido perfecto para mantenerse aislado de la gente, para no escuchar sus reclamos, para no atender sus demandas.
Planear las obras, proponer las obras, anunciar las obras, iniciar las obras, visitar las obras en proceso e inaugurar las obras, son actividades que se consideraban la esencia misma de la política y el quehacer gubernamental. Hoy ya no es así, tal vez porque (casi) no hay obras.
La entrega de bienes; el suministro de servicios públicos; la inauguración de recintos públicos; el remozamiento de espacios públicos; la prestación de servicios; la puesta en marcha de programas de salud, educación, recreación, deporte, etc., son actividades que se han relegado, que han cedido el espacio y tiempo que antes tenían en la agenda del gobierno, para dar paso a la pachanga, a las reuniones donde la parafernalia es inversamente proporcional a la substancia y a la obtención de beneficios para la población.
Esperemos que cunda el ejemplo del Presidente de la Republica, y que el poder no cambie las buenas costumbres de Andrés Manuel López Obrador de estar siempre en contacto con la población y de ser consecuente con el lema que afirma: “Por el bien de todos, primero los pobres”

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