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Obsesionado y desesperado, Gobernador de Tamaulipas va por su definitiva derrota

Por: Mauricio Fernández Díaz

Inicia Cabeza de Vaca última jugada pero condenado al fracaso

Ciudad Victoria.- Aferrado a ideas infundadas y mentiras, el PAN irá a la mesa regional Monterrey del Tribunal Federal Electoral a solicitar la anulación del triunfo de Américo Villarreal. Dará ese paso después de haber fracasado en los órganos estatales donde ya le negaron dicha solicitud. Pero decir Acción Nacional es solamente un requisito informativo; quien maneja el asunto, en realidad, es Francisco Javier Cabeza de Vaca.

Todos los obstáculos que el gobernador ha puesto en el camino del doctor Villarreal han sido eliminados, y solo queda el último, los ministros federales. Sin embargo, pasará lo mismo que en las impugnaciones anteriores, y el candidato de Morena será finalmente el nuevo gobernador. Nuestra predicción no es un gesto de arrogancia sino un reconocimiento a la ley de probabilidades.

Estas probabilidades van en contra de la anulación de los comicios, como exige el PAN injustificadamente. Su mejor evidencia, por no decir su última comedia, fue la supuesta confesión del piloto de Carmona, que habría testificado en contra de Américo Villarreal. Incluso esta prueba se acaba de desintegrar, y la causa panista ha caído de nuevo al punto donde se hallaba: en palabrerías.

Esto ya lo sabían Cabeza de Vaca y sus asesores. Entonces, ¿por qué gastar tiempo y dinero en un proceso judicial llamado al fracaso? Bueno, hay una lógica correcta en esta decisión aunque no lo parezca a primera vista. Es correcta para un funcionario con orden de aprehensión y reclamado por un juez, para alguien que desea escapar de sus perseguidores y borrar el rastro que va dejando atrás.

Borrar las pistas de su andar en el gobierno se ha convertido ahora en el tema más importante para Cabeza de Vaca; perder información, complicarla, incluso reservarla a su capricho para que no pueda ser revisada por la administración entrante. Hay, desde luego, un mandato legal que lo obliga a cumplir con el proceso de entrega-recepción, pero hablamos del reynosense, no de un estadista medianamente respetuoso de la autoridad o la legalidad.

Este informador desconfía que Francisco García Cabeza de Vaca o su gente vayan a cooperar con el equipo de transición el 1 de septiembre. Después de todo, si aún queda una apelación por resolver, aunque sea la última, significa, en teoría, que la elección de 2022 no ha concluido. El telón caerá cuando dicte el Tribunal Federal Electoral su sentencia, sea cual sea. Mientras tanto, hay que dejar todo igual.

Esa sería la mentalidad que empuja a los panistas a presentar su denuncia hasta el máximo órgano, a pesar de que arrastra consigo un dictamen en contra de un órgano estatal. Y el plazo que tiene el Tribunal vence dos horas antes del 1 de octubre, fecha oficial para el cambio de poderes.

Tantos días y semanas son oro molido para los sinvergüenzas que hayan abusado del poder estatal y del presupuesto público. De hecho, las llaves de las oficinas, firmas de cuentas bancarias y combinaciones de cajas fuertes, permanecerán en manos de los panistas hasta el 30 de septiembre. Se puede hacer todavía mucho con eso; desgraciadamente, hablamos de hacer mucho mal, pues esa ha sido la huella dejada por el cabecismo desde el inicio del año electoral.

En consecuencia, el 1 de septiembre aparecerá la patanería que caracteriza a los Cabeza de Vaca: o no atenderán a los representante del equipo de transición o les enviarán a un segundón con la instrucción de entregar dos o tres oficios comunes y corrientes para cumplir con el requisito y nada más. Eso no sería ilegal pero sí improductivo. Es casi seguro que se encerrarán en la idea de que la elección “sigue impugnada” y que ellos esperarán el fallo definitivo antes de dar archivos enteros a los representantes de Américo Villarreal.

¿O acaso hemos olvidado que, al día de hoy, 15 de agosto de 2022, Cabeza de Vaca no ha reconocido ni felicitado al candidato de Morena por el resultado de los comicios?

Todo lo que vemos hasta ahora proviene justamente de esta negación de la realidad, de este gesto impotente del mandatario de querer cambiar la historia según su deseos personales, como esos niños díscolos cuando pierde su equipo de futbol.

Es más, ni siquiera moderará su rencor el 1 de octubre; seguramente evitará ir a la ceremonia, pues la ley le permite asistir o enviar a un representante; para el saliente no hay nada qué hacer en el Congreso del Estado, sino presenciar la toma de protesta al nuevo gobernador: ese sí debe estar ahí para ser declarado titular del Poder Ejecutivo por los otros poderes.

Los panistas podrían unirse a su jefe supremo y ausentarse de la sesión, pero tendrán por fuerza que acordar la formación de la Mesa Directiva para dicha ceremonia. Es preferible no contar con ellos ni pensar que aceptarán a Américo Villarreal para imaginar el curso que tomarán los acontecimientos.

Todo se perfila para que Francisco García Cabeza de Vaca desaparezca del estado antes del cambio de poderes. No se entregará ni irá al Congreso a aplaudir a Américo Villarreal. Ya huele a presidiario, y lo sabe.

De hecho, el miércoles podría adelantarse su peor pesadilla. La Suprema Corte de Justicia resolverá finalmente acerca del desafuero y de la inmunidad que le dio el Congreso del Estado.

Se viven horas de tensión y ansiedad en el poder estatal. Que estos conflictos no alteren la vida de los ciudadanos.

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